¿El final del PBI?
Por Ramiro Restrepo González 1. Cada vez es más claro para la comunidad de las naciones que el PIB, como medida clásica del desarrollo, se ha quedado totalmente insuficiente frente a las nuevas realidades globales. El PIB expresa sólo el valor monetario total de la producción de bienes y servicios en un período dado y en una región dada, dejando de lado todas las variables asociadas al bienestar general de la población y a la sostenibilidad de las condiciones materiales de la producción futura de riqueza.
Es así como estamos teniendo sociedades cada vez más ricas, pero más infelices y con mayores brechas de equidad y cohesión. Un par de ejemplos pueden ilustrar esta cruda realidad contemporánea.
Primer ejemplo: si observamos las diferentes mediciones de crecimiento económico y de bienestar de la sociedad norteamericana en la segunda mitad del siglo 20, observamos cómo esta sociedad asistió a su mejor período de crecimiento económico durante su historia como nación (clic para ver Gráfica No. 1); pero, a la par, todos los indicadores de bienestar y felicidad humana mostraron un comportamiento leve pero sostenidamente declinante[2]. ¡Inquietante paradoja!
Segundo ejemplo: si se comparan los indicadores de riqueza y de pobreza, no es claro aún que un modelo de desarrollo que ha resultado divergente hasta ahora, logre empezar a ser convergente, es decir, a asegurar el cierre de brechas entre ricos y pobres, tal como se lo proponen los objetivos del milenio.
En efecto, si se miran los datos de riqueza, el World Wealth Report 2008, por ejemplo, publicado recientemente por las firmas Capgemini y Merrill Lynch, nos indican que el número de ricos[3] creció del 2006 al 2007, en el mundo, a una tasa del 6%, y la masa de riqueza acumulada en manos de este grupo de personas creció a una tasa del 9.4%. Estimándose, por demás, que la tasa de crecimiento anual entre hoy y el 2012 será del 7.7%.
Frente a lo anterior, podemos mirar otro informe: El Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo 2008, recientemente publicado por la FAO[4]. Según cifras de este informe, en los años recientes hemos venido registrando un incremento sustancial en el tamaño de la población subnutrida en el mundo, especialmente en el mundo en desarrollo, con lo que las cifras acordadas en los objetivos del milenio empiezan a estar en serio riesgo de no ser viables (ver Gráfica No. 2).
Es claro, pues, que el modelo de desarrollo heredado de la revolución industrial nos está retornando en el largo plazo sociedades cada vez más ricas, pero más infelices y con mayores brechas de equidad y cohesión.
Y a lo anterior hay que sumarle necesariamente los efectos colaterales de la producción de riqueza, expresados estos efectos en términos de daño medioambiental, de agotamiento de fuentes de recursos naturales y de saturación de vertederos, efectos éstos que están, por primera vez, dejando en claro que la creación de riqueza, como la hemos concebido hasta ahora, es una aventura insostenible cuando se opera a nivel global.
Cómo, pues, migrar hacia modelos de desarrollo humano sostenible, es el gran reto global de las organizaciones, las instituciones, los estados y la comunidad de naciones hoy día. De no lograr este cambio en unas muy pocas décadas, seguiremos asistiendo a peligrosas señales de una hecatombe cada vez más verosímil y anunciada: terrorismo global, calentamiento global, crisis financieras globales, etc.
Pero, para hacer viable esta labor, es claro ya que debemos empezar a medir el desarrollo de una manera diferente. De lo contrario, seguiremos obteniendo más de lo mismo. Es el propósito que ha tenido en mente el Presidente francés Nicolás Sarkozy, al promover la conformación de la Comisión Stiglitz[5], oficialmente bautizada como la Comisión para la Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social, la cual tuvo su primera sesión plenaria de trabajo en abril del presente año, esperando llegar a conclusiones hacia mediados del año 2009, con el fin de proponer a la comunidad de naciones una medida que integre al PIB clásico toda una constelación de iniciativas, tales como:
û aquellas orientadas a encontrar una medición integral del desarrollo (el PIB verde, la huella ecológica, el coeficiente de Gini, y otros).
û aquellas de carácter cualitativo y blando (el índice de oportunidades humanas IOH, el índice de felicidad humana, el índice de desarrollo humano IDH, el índice de la situación de vida, y otros).
Otra señal alentadora en esta dirección la ha producido recientemente el Presidente Electo de los EUA, el señor Barak Obama, al dejar saber a los medios de su país la intención de elegir, para el cargo de Secretario de Energía, al conocido nobel de física, el señor Steven Chu, precisamente especialista en energías renovables.
Cabe acá recordar una apocalíptica profecía del astrónomo Carl Sagan escrita en 1980. Para entonces, ya afirmaba Sagan, con una aguda visión de futuro: “Desde una perspectiva extraterrestre, está claro que nuestra civilización global está a punto de fracasar en la tarea más importante con que se enfrenta: la preservación de las vidas y del bienestar de los ciudadanos del planeta”[6]. Y frente a esta premonitoria afirmación se autopreguntaba el mismo Sagan: “¿No deberíamos pues estar dispuestos a explorar vigorosamente, en cada nación, posibles cambios básicos en el sistema tradicional de hacer las cosas, un rediseño fundamental de las instituciones económicas, políticas, sociales y religiosas?”[7].
Cuando en nuestras organizaciones empezamos hoy día a abordar los enfoques socialmente responsables de la gestión, no estamos hablando de otro asunto diferente al que nos propone Sagan: un rediseño fundamental de la manera como hemos venido produciendo, gerenciando, midiendo los impactos y los mismos resultados de la gestión. No se trata de la moda de turno, de un ropaje nuevo para viejas prácticas. Se trata de un rediseño fundamental de la manera como generamos riqueza y bienestar en nuestras organizaciones y nuestras sociedades. Sólo este abordaje dejará un legado útil del moderno concepto de responsabilidad social estratégica. Otra vía, sería el de la retórica política o gerencial, generadora de costosas frustraciones colectivas.
[1] Presidente del Comité Técnico 180 de Icontec (Instituto Colombiano de Normas Técnicas y Certificacion) el cual ha producido la Guía Técnica Colombiana en Responsabilidad Social (GTC-180 RS) y miembro del Comité Espejo Colombiano ante la ISO, en la elaboración de la futura ISO-26000.
[2] Diener, Edd y Seligman, Martin E. P. Beyond Money: Toward an Economy of Well-being. American Psychological Society con el patrocinio de University of Illinois, Gallup International and University of Pennsylvania. 2004. Pág. 3.
[3] Para estas firmas, un HNWI –high net worth individual- es una persona que posee, descontando vivienda y activos domésticos, US$ 1.0 millón en activos financieros.
[4] Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.
[5] Llamada así coloquialmente por estar encabezada por el conocido nobel de economía Joseph Stiglitz. A ella se han integrado el otro conocido nobel indio, el profesor Amartya Sen, en calidad de codirector, así como una docena de catedráticos e investigadores de diferentes universidades europeas y americanas y de instituciones multilaterales.
[6] Sagan, Carl. Cosmos. Barcelona: Editorial Planeta. 2000. p. 329.
[7] Ibid.




Les dejo un comentario de José Brunner sobre el Índice de Oportunidades Humanas (Banco Mundial 2008): http://www.cpce.cl/blog/2008/10/y-ahora-que-haremos.html